La primera vez que te vi
jugaba con dos dedos en tu pelo
mientras dos hombres que te doblaban la edad
desvirgaban mentalmente tu inocencia.
Y lo sabías y en tu sonrisa
se veía porno de dibujos animados.
Y es que eres ese tipo de chica
que aparece en las noticias de la tarde
secuestrada, violada y lanzada
a un potrero cualquiera donde las moscas
se apuntan luego a la fiesta de la carne.
Pero a ella,
a ella no la toca ni el aire.
Ayer te vi de nuevo,
sin ti nunca ha sido verano en estas playas,
aunque el calor derritiera los abanicos
de las ancianas de la calle donde vivo.
El verano solo empieza si me miras.
Apenas te sigues levantando dos palmos del suelo
y mantienes esa mueca de niña traviesa
que mutila a las barbies y se ríe,
Aunque las matemáticas me aseguran
que hace tiempo que desvestirte en mi cerebro
ya no puede considerarse un delito.
Y es que no sabes la multitud de hijos nuestros
que han sido remolino antes de piel
dejándose engullir por el desagüe.
Ayer te vi, si,
deambular descalza por lo platónico
driblando como un futbolista brasileño
el morbo despertado en las sombrillas.
Haciendo pasarelas en la arena
donde el glamour lo inventaba un treinta y seis
que dejaban una mina a cada paso
para que estallaran los sueños de los hombres.
Pero a ti,
a ti no te tocaba ni el aire.
A veces pienso que eres hija del diablo
no se me ocurre mejor manera de tentar al mundo
que hacerte formar parte del paisaje.
Y camino estas calles oscuras
de quince chupar y treinta follar
buscando imitaciones de tu rostro,
o visito los anuncios por palabras
donde tu nombre se ubica
en cualquier mujer sin escrúpulos
que ignora que mientras tú existas
no dejará de ser simple y anónima.
Me agarro al folio con tus dedos
y escribes este poema con tus manos
mientras las mías vuelan para acariciarte el cabello
como aquella primera vez que te vi
en la que sin saberlo jugabas con tu reloj de pulsera
a que la vida siempre me debiera una hora.
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