martes, 4 de enero de 2011

En un millón de pedazos.

Va a reventar el mundo en un millón de pedazos
y yo en mi puta vida he hecho un puzzle.
Ni siquiera de pequeño.

Porque yo de pequeño era un tipo duro,
aprendí a escupir como un vaquero a los seis años
y le levantaba la falda a las niñas del colegio.

Gaby siempre tenía calzones rosas
y su flor preferida era la rosa
y su amiga más íntima se llamaba Rosa
y aunque con todo esos datos debía oler bien
no era así.

Porque a Gaby no le gustaba el agua
ni siquiera la del mar.

Y eso que a cierta edad el aroma carece de importancia
pero que no le gustara el mar era imperdonable.
Por eso no la quise.

Y me iba con Coni al césped de detrás de su casa.
Coni era rubia,
más que rubia dorada,
como si se hubiera lanzado a una piscina de oro.
Y guapa,
muy guapa
y con los ojos tan azules
que aunque a ella si le gustaba el mar
al mar no le gustaba ella.

Envidia, claro.

Yo quería besos de película
pero ella se conformaba con juntar los labios.

Eran besos aburridos
como pan sin palta.

Una tarde se subió al lugar más alto del colegio
y gritó te quiero seguido de mi nombre.

Fue la primera vez que una mujer
decía algo bonito sobre mi persona.

Y yo obviamente no la creí.

Porque yo era un tipo duro
y no ahora que simplemente escucho cariño
y ya me estoy quitando el paracaídas.

No ahora que el amor me coge por los testiculos
y tartamudeo su nombre hasta el infinito.

Un marica.
Un loco con blog.
Eso soy.

Los que tienen blog solo son escritores frustrados
a los que le asusta la nitidez del papel.

Pero antes, sobretodo de ella,
yo era un tipo duro,
que apedreaba a los gatos
y me fumaba las colillas de mi padre
y a veces era tan tan duro
que hasta echaba el humo por la nariz.

Y me tocaba, me tocaba mucho
incluso antes del milagro del hilo blanco
y pensaba en las madres de mis amigos
y en las de mis enemigos
y en la profesora de geografía
y en Gaby.

Gaby, mi dulce Gaby,
que aún estaba en basica
y ya tenía tetas.

Y aunque no era mi novia
me dejaba tocarla allí
y aquí y allá
y otra vez allí
y me dio mi primer beso con lengua
una tarde de verano sin verano
y a mí......
me dio asco.

Salí corriendo lo mas lejos que pude de ella y de su lengua,
porque yo no hacía esas estupideces del amor.

No como ahora que me meten la lengua en la boca
y hasta eyaculo.

Una nena eso soy.

En un millón de pedazos ya veras
y no será difícil encontrar tus pechos
entre los pechos de las demás mujeres,
ni siquiera tu culo,
ni tu vulva.

Pero tu cerebro...ufff
eso es ya otra historia
ni siquiera ahora que aún está todo en su sitio
tengo esperanzas de dar con él.

Y cogía una cerveza de la nevera
y me la bebía de un solo trago,
le arrancaba las alas a las moscas,
las antenas a las hormigas
y el amor era una tontería de mayores,
una excusa contra la soledad,
una falta de amor propio.

Y ahora el amor dice aquí y ahora
y allí y ahora estoy yo.

Abierto,
dispuesto,
suyo.

Y de ti ni rastro,
otra vez.

Y lloro como un enfermo sin cura,
un estúpido hombre de las cavernas
y te escribo algo aqui en mi blog
la literatura de los pobres.

En un millón de pedazos va a reventar el mundo,
al menos el tuyo
y esta vez yo,
te lo prometo,
no estaré aquí para juntar los trocitos.

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