miércoles, 26 de enero de 2011

La de serrat...

Ayer escuchaba Penélope la de serrat,
ya sabes aquella canción que te hacía temblar
bajo las sábanas como a una rosa en otoño.

Y me acordé de las estaciones que no vieron nuestros abrazos,
del olor a champú de coco de tus axilas
aquella vez que prometí besarte
donde aún nadie había posado antes los labios.

Y recordé lo mucho que me gustaba tu vestido verde
y verte fumar mirando un punto fijo
y tus pies que apenas se levantaban del suelo
cuando caminabas con el trasero erguido
por las pasarelas de aquella ciudad
que tenía tu nombre
antes del suyo.

Mientras los acordes me inundaban de nostalgia,
aparecías por mi memoria con esa sonrisa de lluvia
y esos ojos que parecían haber visto a dios masturbándose
en la última playa no nudista de tu isla.

Y me emborraché,
primero de tu ausencia
y luego de vodka,
después de los labios de aquella fotografía que me regalaste,
gastada ya de que mis ojos se la coman
los lunes que no nos pertenecen.

Todos.

Ya.

Que no hay semanas.

Desde ti.

Sigo siendo el mismo estúpido que se enamora en la cola del cine,
¿recuerdas tú con anteojos sexys
y aquella falda a cuadros que mentía sobre tu edad?.
-¿Quieres ser mi próxima ex?-

Y tu sonrisa de muslos desnudos
mientras Brad adicto a la adolescencia
me observaba con envidia desde la pantalla.

A veces no duermo solo
y hago las misma promesas que una vez te hice a ti
y luego otra vez
hasta que se rompen de desgaste
como las tuyas
que te cansaste de esperar sin esperanza
a un hombre que no era yo
pero el amor ni siquiera nos dejó descubrirlo.

El amor es como un cristal lleno de vaho.
Nunca deja ver otro horizonte.

Ahora soy yo el que vagabundea por la estaciones
buscando en los bancos tallados con tus palabras
a una mujer que ya no eres pero que siempre has sido
mientras los trenes descarrilan una tras otro
por este corazón de porcelana.

Ahora que las matemáticas ya no suman,
solo restan
y tu recuerdo se aferra a las plantas de mis pies
tanto,
que no puedo caminar sino es contigo.

Mis ojos húmedos mientras la voz ronca del cantautor,
hacen que todos los mares quepan en un pañuelo
y me arranco las lágrimas con los dientes
mientras la última ola de mi párpado derecho
me moja por dentro con tu vacío.

Yo nunca seré nadie ya,
NADIE,
pero tú amor que no llegaste,
siempre serás Penélope,
la de Serrat,
la mía,
la nuestra.



para calcetines huachos aunque jamas lo lea...




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