sábado, 8 de enero de 2011

Sólo quería decirte...

No hay un solo perro en toda la ciudad
que no sepa tu nombre.

Les he hablado de ti,
les he informado,
de que tú a tu manera
perteneces a su raza.

Tal vez un doberman
o uno de esos con los ojos diminutos
y la cabeza enorme,
que invitan a la caricia
y cuando menos te lo esperas
te arrancan medio brazo de raíz.

Deberías saber que he aprendido a odiarte
y salir ileso de ello,
a que el lado derecho de la cama
ya no me parezca una batalla perdida.

He aprendido que el mundo no comienza en tu cintura,
ni acaba con una de tus postales sin remite
desde algún pueblo remoto al oeste de saturno.

También he sido malvado, si,
he comparado continuamente a tu madre con un reptil,
tu hermana la mayor ha sido la actriz principal
de mis últimas veinticuatro masturbaciones
y he deseado con todas mis fuerzas
que una ola de un mar cualquiera
te arranque el bikini en una playa
repleta de mujeres con complejos.

Al fondo de la habitación me observan tus zapatos rojos,
bendito treinta y siete que mantiene
el brillo que alguna vez le dio mi lengua.

Están en la misma posición que los dejaste
a veces encima me invento tu silueta
y bailas
y flotas
y desapareces,
una y otra vez.

Como antes.

Como siempre.

Y te maldigo.

Y multiplico todo lo que te detesto
por la cantidad de caricias que aún me debes
y siempre sale el número exacto
de lo que te quiero todavía.

Ojalá alguien me regalara un corazón teledirigido
y poder esquivarte hasta que echarte de menos
no sea más que una frase vacía.

Como tu alma.

Sólo quería decirte que sí,
que soy culpable,
de este asesinato tuyo aunque sea ficticio.

"y es que no hay día que no desee tu muerte
si no vuelves conmigo".

Y creo que a esto los entendidos
también lo llaman amor.

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