Volvimos a aprovechar la distancia para eso de mirarnos desde lejos
y fingir que no nos vemos.
Que si va a poderle siempre el miedo a las ganas,
dímelo
que yo también estoy a tiempo de salir corriendo.
Que esto se está convirtiendo más en estaca
que en astilla clavada en este corazón de hojalata.
Y nunca es tarde
pero a mí ya no me sobra paciencia
y tú pareces tener todo el tiempo que me falta.
Que siempre decimos que lo vamos a intentar
y ponemos el contador a cero.
Pero la verdad es que si me quedo
es porque me pesan los recuerdos.
Y ahora me vas a contar todo ese rollo de tú y yo
y de por qué no podemos.
Pero al final siempre se te escapan los besos
que me has jurado mil veces que no nos debemos.
Y volvemos al principio,
ese que dice que tu cintura es la elíptica de mi órbita lunar
y que cualquier día nos estrellamos.
Pero que me importa una mierda
perder el equilibrio
si al final me recogen tus brazos.
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