Quisiera no tener que pedirte que te fueras
pero ya no me quedan despedidas
y he gastado contigo todas las oportunidades que tú no me dieras.
Habría escrito una carta y la habría dejado en tu buzón
pero recorrer el camino a tu casa si no es para tener un orgasmo en tu cama
pues no sé,
no me tinca.
Así que me vas a perdonar
pero te escribo un poema
y gasto otra más de esas excusas que ya no me quedan.
Que sí.
Que lo sé.
Que esto no es más que otra forma de decirte que me voy para intentar que vuelvas.
Que me suenan a vacío tus respuestas
y que intento encontrar en palabras huecas
las esperanzas que no espero que me devuelvas.
Y disculpa si ya no sonrío
pero estoy guardando inviernos para cuando no queden primaveras,
¿o era al revés?
El caso es que cuando hago el amor en otras camas
y en otros tiempos
me saben a ti sus salivas
y se me quiebra la voz en los gemidos.
Y claro.
Si no puedo hacer el amor ni follar,
ya me dirás tú qué me queda.
Y me vuelvo a perder en la poesía
y espero a que me salve alguno de tus versos.
O de los míos.
O de los nuestros.
Me está empezando a sonar a este poema otra vez a repetido.
Será por eso de que se me agolpan todavía en la garganta las palabras que no te he dicho.
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