Ciframos la esperanza
en oraciones, poemas
y cartas al director
como si creyésemos
que las palabras lo curan todo
y todo lo arreglan.
Olvidamos
que el valor
se demuestra en un beso
en un grito
y en una mano alzada tras una pancarta
que pide justicia
y
libertad.
Quisimos
soluciones de menú.
Confiamos
nuestro destino
a los ilusionistas
de nada.
Y profetizamos
sobre cifras
que dependen de agencias
que trafican con miseria.
Somos idiotas.
Idiotas y cobardes.
Parece mentira
que no hayamos aprendido nada.
Endiosemos
a los hijos de la dictadura.
y apedreemos
con el voto inútil
a eso que ellos llaman
democracia.
Somos idiotas.
Idiotas e hipócritas.
Miramos con miedo
al que duerme en un cajero
y con comprensión
al banquero cobarde
que robó su pensión al abuelo
porque era “responsable.”
Somos idiotas.
Idiotas e insensibles.
Tememos
al inmigrante
(que no es persona)
que se desgarra la piel
saltando una valla
huyendo de la guerra
mientras justificamos
al que vende las armas
a gobiernos que luego condena.
Somos idiotas.
Idiotas y ciegos.
Porque no entendemos
que gritan más
unos ojos
encendidos de hambre
que una barricada
pero hacen menos ruido.
Porque no vimos
(o no quisimos ver)
cómo arrasaban con todo
en su propio beneficio
con el poder
que nosotros les dimos.
Porque no entendemos
(o no queremos entender)
que de esta mierda
también somos responsables
nosotros.
Somos idiotas.
Idiotas y cabezones.
Seguimos
criticando más la huelga
que los recortes de derechos.
Justificando
que haya más policía
y menos profesores
y menos médicos.
Somos idiotas.
Idiotas e ignorantes.
Y ahí,
es justo donde nos quieren ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario