Hay palabras que nadie desea escuchar. Palabras malditas que tienen la
irremediable capacidad de hacer tambalearse los cimientos de nuestro
mundo. O, incluso, de romperlos.
Un “te quiero” antes de tiempo, o peor, tarde.
Un “te echo de menos” de alguien a quien ya olvidaste.
Un “se acabó”, cuando pensabas que esto no era más que el comienzo.
Un “debí haberte dicho que…” cuando el pasado es irremediable.
Pero eso sí, si hay algo peor que las palabras malditas son los
malditos silencios previos.
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