lunes, 12 de abril de 2010

Ella (segunda parte)


Al siguiente día el mar estaba excitado, había olas enormes y estallaban contra las piedras del dique como queriendo arrastrarlas a tierra firme, incluso las gaviotas habituales usuarias de este inmenso charco de agua salada habían abandonado el lugar.

- Soy yo quién lo pongo así. Dijo una vocecita justo detrás de mi oreja.

Allí estaba ella fiel a su cita, también se había traído la sonrisa puesta de casa y el pelo recogido con dos pinches rojos a ambos lados de la cabeza, estaba aún más hermosa que el día anterior.

- Ayer también estabas y sin embargo el mar estaba sereno. Reproché en un tono suave pero burlesco.
- Ayer no llevaba esta falda. Dijo pasándose los dedos desde donde empezaba la tela hasta donde se acababa.

Era lo suficientemente larga para no verle nada y lo arrogantemente corta como para querer verle todo.

- ¿Ves la espuma? Eyacula en mi presencia. Dijo a la vez que se sentaba al borde del banco de hormigón donde yo estaba sentado.

No sabía bien calificar su aroma, olía como huelen esas cosas que uno al cocinarlas solo piensa en comer, en engullir, en tragar, en una especie de canibalismo que no aceptaba tregua ni generosidad.

- Hoy te toca a ti invitarme a fumar. Le sugerí intentando escapar de su perfume corporal.
- Lo siento no fumo. Dijo.

Yo puse una mueca extraña mirándola fijamente a la boca.
- Lo dejé ayer y tú deberías hacer lo mismo. Me dijo en un tono que parecía más una orden que un consejo.
- Para dejarlo necesito un vicio más poderoso. Afirmé.

Fue entonces cuando ella me besó, así de golpe, como un elefante entrando en un paseo público, como un tren llevándose por delante una bicicleta, como el mar contra las rocas, de existir la virginidad oral, yo la perdí aquella mañana, su lengua de frambuesa me traspasó la garganta, corrió hasta mis pulmones y golpeó mi corazón con la punta.
Luego se apartó, sonrió como sólo puede sonreír una mujer a la que el universo le brota de los pies y se alejó lentamente de mi boca.

Ando balanceándose en un columpio imaginario, no hubo una sola losa que no hubiera querido sostener su peso en aquel instante, sus piernas estaban doradas como si el sol en lugar de entrar en su piel, simplemente la acariciara y aquellas botitas de tacón clack, clack, clack, en aquel momento fue la mejor canción de mi vida.

Antes de doblar la esquina metió la mano en su bolso sacó un cigarro de la cajetilla que sostenía en las manos y lo partió dejándolo caer entre sus dedos, luego guiño un ojo y se marchó.

Me quedé allí sentado viendo como el mar se calmaba, las olas disminuían hasta quedarse en un mínimo sube y baja que apenas se podía distinguir en el agua y una bandada de gaviotas decoraban el cielo con un torpe pero hermoso aleteo.

Con un beso temblándome en la boca y esa sensación de flotar que tienen los hombres cuando una mujer pasa por su vida me tumbé sobre la arena y en un ataque de romanticismo yo y el mar hicimos las paces con los ojos.


Para Mariel

2 comentarios:

Unknown dijo...

NO SABES KOMO ODIO KE DE MIS DEDOS NO SALGAN LAS PALABRAS KE LATEN DENTRO DE MI KUANDO TE LEO, KUANDO TE OIGO Y KUANDO PUEDO RESPIRARTE... NO SABES KOMO ODIO NO PODER SER TRANSPARENTE PARA PODER LLEGAR A TI SIN KE NADIE ME VEA Y HACERME VISIBLE SOLO POR TI Y PARA TI... TE KIERO

Oscar kp dijo...

yo tambien e kiero
me encanta ke me escribas nuestros mensajitos en facebook
cuendo pienso en ti
todo el mundo se detiene
y no alcanzo a dar dos pasos para abrasarte
te kiero