Voy a escribir de lo triste que te pones cuando sonrío,
de los penes imaginarios que te comes
en ascensores que nunca bajan.
Voy a hablar de tu madre soñando con el divorcio,
de tu hermana pequeña bebiendo vodka barato en el parque,
de tu padre borracho durmiendo en la escalera.
De mi amigo a ciento sesenta por una carretera secundaria,
de todas esas muertes que me sobran los domingos,
de que nunca seas la actriz principal
del velatorio de la calle de mi alma.
Voy a soñar despierto con romper un matrimonio,
con perseguirte por centros comerciales
y hacerte malabares en la vulva
en un probador de ropa.
Voy a cambiarme de sexo si te haces lesbiana,
a doblar al tailandés todos los te amo
que le he dicho a otras mujeres pensando en ti
y tatuármelos en la espalda
para que me leas sin evitar la mirada
cuando me comienzo a sonrojar.
Voy a tener un hijo, o dos , o tres,
a contratar nodrisas colombianas con las tetas grandes
para poder tener erecciones después de los sesenta.
Tendré depresiones y cicatrices en la muñeca
y una enfermedad terminal
de tanto fumar mientras te espero.
Me jugaré el reloj en una partida de póker clandestina
perderé a conciencia para no saber las horas
en las que te echo de menos.
Me follaré a la dama de picas mientras le cuento,
que la verdadera suerte era tenerte cada noche
y que nuestros pies hicieran el amor bajo las sábanas.
Voy a beber en bares donde la pasión
dura quince minutos y es fingida.
Voy a mentir, a odiar, a drogarme,
a buscarme para encontrarme y para volverme a perder,
a reír, a llorar, a maldecirte,
pero sobretodo voy a olvidar,
a olvidar
que no olvido
que no puedo olvidarte.
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