Es rubia.
Tiene un mar en cada ojo
y a la derecha de los labios un lunar
que me recuerda a Groenlandia.
Ojalá me invitara a pasar frío debajo de su pómulo.
Es un espectáculo verla desfilar
con un café en cada mano
desafiando todas las leyes de la física.
- ¿ Lo de siempre señor? -
Pregunta con esa vocecita de princesa Disney.
Yo me limito a asentir con la cabeza.
Debe pensar que soy mudo,
me gustaría decirle que no, que tengo voz,
lo que no tengo son palabras cuando la observo.
Me pregunto cuantos hombres se habrán bebido la penúltima,
por seguir contándole las pecas del escote,
cuantos equilibrios habrán besado el suelo
con su imposible movimiento de cintura.
Ahora es cuando mi corazón hace música con el silencio
y ella se inventa un columpio en cada losa
y se balancea sutilmente por mi pupilas
hasta que otro cigarro se me consume en la boca.
Ajena a mí al otro lado de la barra,
mientras me levanto de un banquillo
donde la polillas hacen de la gula
canciones de desamor,
ella con los mismos dedos
con los que sueño en mi espalda cada noche
se coloca bien el uniforme
y mientras salgo de la cafetería
sin dejar de memorizar todos sus rasgos
el último botón abrochado de su blusa
se despide de mí hasta mañana.
debo decir ke extrañaba tener un espacio en internet
pd mientras escribia esto temblo re fuerte lo usare de excusa para continuar con esto
Tiene un mar en cada ojo
y a la derecha de los labios un lunar
que me recuerda a Groenlandia.
Ojalá me invitara a pasar frío debajo de su pómulo.
Es un espectáculo verla desfilar
con un café en cada mano
desafiando todas las leyes de la física.
- ¿ Lo de siempre señor? -
Pregunta con esa vocecita de princesa Disney.
Yo me limito a asentir con la cabeza.
Debe pensar que soy mudo,
me gustaría decirle que no, que tengo voz,
lo que no tengo son palabras cuando la observo.
Me pregunto cuantos hombres se habrán bebido la penúltima,
por seguir contándole las pecas del escote,
cuantos equilibrios habrán besado el suelo
con su imposible movimiento de cintura.
Ahora es cuando mi corazón hace música con el silencio
y ella se inventa un columpio en cada losa
y se balancea sutilmente por mi pupilas
hasta que otro cigarro se me consume en la boca.
Ajena a mí al otro lado de la barra,
mientras me levanto de un banquillo
donde la polillas hacen de la gula
canciones de desamor,
ella con los mismos dedos
con los que sueño en mi espalda cada noche
se coloca bien el uniforme
y mientras salgo de la cafetería
sin dejar de memorizar todos sus rasgos
el último botón abrochado de su blusa
se despide de mí hasta mañana.
debo decir ke extrañaba tener un espacio en internet
pd mientras escribia esto temblo re fuerte lo usare de excusa para continuar con esto
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