Confieso que la primera vez que la vi pasó totalmente
desapercibida para mis ojos, yo hablaba por teléfono con un amigo que lo habían
mandado a trabajar a Temuco, ella se me acercó suavemente por detrás y dándome
un toquecito en el hombro me pidió un cigarro.
Le di el cigarro sin apenas ponerle atención y ella me regaló su sonrisa, empate justo pensé y seguí con aquella conversación.
Quién me iba a decir a mí, que no demasiado tiempo después esa maldita sonrisa me tuviera aquí, en un puente de la carretera principal, un día soleado de abril a las tres de la tarde pensando en saltar veinte metros abajo de este lugar con vistas al infierno.
Para un enamorado con vocación al suicidio vivir en un primero suena a chiste, yo soy capaz de saltar pero no tengo ganas de cortarme las venas, o de pegarme un tiro en la cabeza, ni de asfixiarme con una bolsa de plástico, o ahorcarme de una viga, tampoco beber veneno mezclado con el ron. De saltar sí.
Además pienso que es la muerte más estética de todas.
De las pocas cosas que me retienen a buscar la pirueta más aeróbica y mortal de mi vida es el margen de error entre la muerte y el coma, no se me ocurre nada más espantoso que quedarme vegetal, si lo hiciera al menos me gustaría ser algo así como un girasol, es mi flor preferida.
A ella le gustaban las caléndulas, los tulipanes y una extraña flor de nombre casi impronunciable que habita solamente en algunos sitios estratégicos de America del sur, odiaba las rosas.
- Las rosas son las flores de las mujeres cornudas- Eso decía.
De todos modos en el tiempo que estuvimos juntos yo jamás le regalé flores, sólo una vez, una tarde en el campo le ofrecí una margarita mientras estábamos tumbados al sol, ella la cogió y las deshojo con ese infantilismo que atesoraba jugando al me quiere no me quiere con sus pétalos, el dios de las plantas me hizo un favor aquella vez y salió que sí, porque ella hubiera creído mil veces antes a una flor que a mi palabra.
- Los poetas mienten y cuando dicen la verdad, su poesía es una mierda-
Esa era otra de sus frases preferidas.
Ella entró en mi vida de golpe, PUUUUUUMMMM, estaba con mi ex novia observándola, ella estaba relajada aquella mañana, cuando hablo de mi ex novia me refiero al mar, la amaré siempre a pesar de todo.
De nuevo de la nada apareció ella, sin hacer ruido ya la tenía en mi espalda, dando el mismo toquecito que el día anterior.
- ¿Me das fuego?- Preguntó con esa vocecita de niña mimada.
-¿Y que será mañana? ayer un cigarro, hoy fuego........Dije con sorna.
- Mañana un beso. Dijo con una seguridad aplastante.
Noté esa descolocación que sienten los hombres cuando una mujer le come una pieza, suspiré largamente sin que apenas se notara hasta conseguir que las neuronas volvieran cada una a su sitio. Mire sus labios finos los de arriba y gruesos los de abajo, con un brillo especial, rojizos, los más rojizos que había visto en la vida.
- ¿Y no se puede alterar el orden de tus peticiones? Pregunté con las palabras rebuscadas para dejar mi honor lingüístico lo más alto posible.
- Lo siento. Contestó. He seguido esta estrategia tan bien, que deje el encendedor en casa y si quieres que te sea sincera del todo ahora mismo quiero más un cigarro que tu boca.
No pude evitar sonreír, era jaque mate, le alcancé el encendedor que aún tenía en las manos y vi como le daba una profunda fumada al cigarrillo.
- Gracias- Dijo. Devolviéndome el encendedor.
- Es para ti le dije, te lo has ganado.
Sonrió de nuevo, era preciosa, no me había dado cuenta de lo guapa que era hasta ese preciso momento que se dio la vuelta y comenzó a alejarse de mí, con sus zapatos planos y una chaqueta negra larga que le tapaba el trasero.
- Estaré aquí mañana a la misma hora- Le dije en voz alta.
Ella se volvió como si fuera una actriz de cine, se echó el pelo hacía al otro lado en el acto más erótico que se puede conseguir hacer con
el cabello y dijo segura de si misma.
- Lo sé.
Le di el cigarro sin apenas ponerle atención y ella me regaló su sonrisa, empate justo pensé y seguí con aquella conversación.
Quién me iba a decir a mí, que no demasiado tiempo después esa maldita sonrisa me tuviera aquí, en un puente de la carretera principal, un día soleado de abril a las tres de la tarde pensando en saltar veinte metros abajo de este lugar con vistas al infierno.
Para un enamorado con vocación al suicidio vivir en un primero suena a chiste, yo soy capaz de saltar pero no tengo ganas de cortarme las venas, o de pegarme un tiro en la cabeza, ni de asfixiarme con una bolsa de plástico, o ahorcarme de una viga, tampoco beber veneno mezclado con el ron. De saltar sí.
Además pienso que es la muerte más estética de todas.
De las pocas cosas que me retienen a buscar la pirueta más aeróbica y mortal de mi vida es el margen de error entre la muerte y el coma, no se me ocurre nada más espantoso que quedarme vegetal, si lo hiciera al menos me gustaría ser algo así como un girasol, es mi flor preferida.
A ella le gustaban las caléndulas, los tulipanes y una extraña flor de nombre casi impronunciable que habita solamente en algunos sitios estratégicos de America del sur, odiaba las rosas.
- Las rosas son las flores de las mujeres cornudas- Eso decía.
De todos modos en el tiempo que estuvimos juntos yo jamás le regalé flores, sólo una vez, una tarde en el campo le ofrecí una margarita mientras estábamos tumbados al sol, ella la cogió y las deshojo con ese infantilismo que atesoraba jugando al me quiere no me quiere con sus pétalos, el dios de las plantas me hizo un favor aquella vez y salió que sí, porque ella hubiera creído mil veces antes a una flor que a mi palabra.
- Los poetas mienten y cuando dicen la verdad, su poesía es una mierda-
Esa era otra de sus frases preferidas.
Ella entró en mi vida de golpe, PUUUUUUMMMM, estaba con mi ex novia observándola, ella estaba relajada aquella mañana, cuando hablo de mi ex novia me refiero al mar, la amaré siempre a pesar de todo.
De nuevo de la nada apareció ella, sin hacer ruido ya la tenía en mi espalda, dando el mismo toquecito que el día anterior.
- ¿Me das fuego?- Preguntó con esa vocecita de niña mimada.
-¿Y que será mañana? ayer un cigarro, hoy fuego........Dije con sorna.
- Mañana un beso. Dijo con una seguridad aplastante.
Noté esa descolocación que sienten los hombres cuando una mujer le come una pieza, suspiré largamente sin que apenas se notara hasta conseguir que las neuronas volvieran cada una a su sitio. Mire sus labios finos los de arriba y gruesos los de abajo, con un brillo especial, rojizos, los más rojizos que había visto en la vida.
- ¿Y no se puede alterar el orden de tus peticiones? Pregunté con las palabras rebuscadas para dejar mi honor lingüístico lo más alto posible.
- Lo siento. Contestó. He seguido esta estrategia tan bien, que deje el encendedor en casa y si quieres que te sea sincera del todo ahora mismo quiero más un cigarro que tu boca.
No pude evitar sonreír, era jaque mate, le alcancé el encendedor que aún tenía en las manos y vi como le daba una profunda fumada al cigarrillo.
- Gracias- Dijo. Devolviéndome el encendedor.
- Es para ti le dije, te lo has ganado.
Sonrió de nuevo, era preciosa, no me había dado cuenta de lo guapa que era hasta ese preciso momento que se dio la vuelta y comenzó a alejarse de mí, con sus zapatos planos y una chaqueta negra larga que le tapaba el trasero.
- Estaré aquí mañana a la misma hora- Le dije en voz alta.
Ella se volvió como si fuera una actriz de cine, se echó el pelo hacía al otro lado en el acto más erótico que se puede conseguir hacer con
el cabello y dijo segura de si misma.
- Lo sé.
Para Mariel
te dije que pienso en ti todo el dia ?
2 comentarios:
la verdad genial muy bien escrito me gusto a forma en que te espresaste en cada descripcion en verdad te pasaste!! mejor que el anterior.
muchas gracias flavia
ke agrado ke te gusten
ahora mismo escribia la segunda parte ojala te guste
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